El oficialismo combinó exposición pública y una estrategia de desgaste mediático para dejar atrás la polémica.

Para intentar dar por terminado el caso de Manuel Adorni, el gobierno de Javier Milei puso en marcha una estrategia basada en tres ejes: reactivación de la agenda, respaldo político y reducción del conflicto discursivo.

El regreso del funcionario con la frase “No tengo nada que esconder” buscó marcar un punto de inflexión. A partir de allí, se evitó escalar el conflicto y se optó por sostener una línea comunicacional más controlada.

En paralelo, el oficialismo reforzó el respaldo interno con gestos públicos y presencia de las principales figuras del espacio. La intención fue mostrar cohesión y transmitir que el tema está contenido dentro del propio Gobierno.

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