La detención del presidente desató un despliegue masivo de fuerzas de seguridad en todo el país, con controles, patrullajes y un clima de máxima tensión en las principales ciudades.

Las calles de Caracas y de las principales capitales provinciales amanecieron bajo una fuerte presencia militar luego de la captura de Nicolás Maduro. Vehículos blindados, efectivos armados y puestos de control se multiplicaron en avenidas, accesos y zonas estratégicas, en un intento del Gobierno de mantener el control territorial y evitar manifestaciones masivas.

El Ejecutivo activó un estado de excepción que habilita a las fuerzas de seguridad a restringir la circulación, vigilar comunicaciones y custodiar edificios públicos, instalaciones energéticas y medios de transporte. Testigos describieron retenes con revisiones de vehículos y documentos, así como controles aleatorios a peatones en zonas céntricas y populares.

La militarización se extendió también a las fronteras, especialmente en los pasos con Colombia y Brasil, ante el temor de desplazamientos masivos o intentos de fuga de dirigentes políticos y militares. Mientras tanto, la actividad comercial se redujo drásticamente y muchas escuelas y oficinas públicas permanecieron cerradas, en una jornada marcada por el silencio y la incertidumbre.

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