La decisión de Estados Unidos de respaldar que la vicepresidenta de Venezuela asuma el poder en un escenario de transición abrió un nuevo capítulo en la crisis política del país caribeño. El esquema propuesto contempla que Delcy Rodríguez quede al frente del Ejecutivo, pero bajo una fuerte tutela internacional impulsada desde Washington y con condiciones estrictas.
Según trascendió, el aval estadounidense no implica un apoyo pleno al actual esquema de poder, sino una salida administrada ante la imposibilidad de sostener el liderazgo de Nicolás Maduro. La propuesta buscaría garantizar una transición ordenada, con compromisos concretos en materia institucional, electoral y de derechos humanos, además de un control externo sobre decisiones clave del gobierno.
Desde la mirada de Estados Unidos, el objetivo central sería evitar un vacío de poder y reducir el impacto regional de una crisis mayor, al tiempo que se abre un canal para reencauzar negociaciones políticas y económicas. La iniciativa genera expectativas, pero también fuertes resistencias dentro y fuera de Venezuela.





