El avance de la reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei volvió a exponer las diferencias internas dentro de la CGT, donde crece la tensión entre los dirigentes dispuestos a negociar con el Ejecutivo y el ala más dura, que rechaza cualquier cambio en la legislación vigente. El debate amenaza con recrear viejos enfrentamientos sindicales en un contexto de ajuste y reconfiguración del rol del Estado.

Desde los sectores dialoguistas sostienen que es necesario mantener canales abiertos con el Gobierno para evitar una reforma más profunda y unilateral. Argumentan que la negociación puede permitir atenuar el impacto sobre derechos laborales sensibles y preservar espacios de representación sindical en un escenario económico complejo.

En contraste, el ala dura de la central obrera considera que la reforma implica una pérdida de conquistas históricas y reclama una postura de confrontación más clara. Este sector presiona por medidas de fuerza y mayor resistencia política, advirtiendo que cualquier concesión sentará un precedente negativo para el movimiento sindical.

La discusión interna se da mientras el Gobierno avanza con su agenda de reformas estructurales y busca apoyo parlamentario para consolidar los cambios. En ese marco, el futuro posicionamiento de la CGT aparece como un factor clave, no solo para el rumbo de la reforma laboral.

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