Derrotas electorales, internas, pérdida de poder territorial y redefinición del liderazgo marcaron un año traumático para el partido.
El 2025 se consolidó como uno de los años más complejos en la historia del PRO, atravesado por una combinación de malos resultados electorales, fuertes tensiones internas y pérdida de protagonismo político en el escenario nacional.
Uno de los factores centrales fue la derrota en distritos clave, que debilitó la estructura territorial del partido y redujo su capacidad de influencia institucional. A esto se sumó una crisis de liderazgo, con diferencias estratégicas entre sus principales referentes sobre el vínculo con el oficialismo y el rumbo opositor que debía adoptar el espacio.
Otro elemento determinante fue la fragmentación interna, con dirigentes que tomaron caminos propios y sectores que cuestionaron la identidad original del partido. La falta de una conducción unificada profundizó las disputas y dificultó la construcción de una estrategia común frente al nuevo mapa político.
De cara a lo que viene, el PRO enfrenta el desafío de reordenarse, redefinir su rol en la oposición y reconstruir su base electoral. Las decisiones que tome en los próximos meses serán clave para determinar si logra recuperar centralidad o si continúa su proceso de desgaste dentro del sistema político argentino.





