El predicador y conductor Dante Gebel volvió a ocupar el centro de la escena política al manifestar su intención de “peregrinar” a la Casa Rosada, un gesto simbólico que generó fuerte repercusión en distintos sectores sociales. Su declaración fue interpretada por algunos como una señal de apoyo o afinidad con el actual gobierno, aunque el propio Gebel aclaró que su intención responde a motivos espirituales y no a una postura partidaria.

El anuncio provocó reacciones mixtas en el ámbito político y religioso. Mientras seguidores del presentador celebraron su iniciativa como un acto de fe y de acercamiento a las instancias de poder para “orar por el país”, críticos advirtieron sobre los riesgos de mezclar mensaje religioso con espacios institucionales, señalando la necesidad de mantener claras las fronteras entre lo espiritual y lo político.

Gebel, conocido por su trayectoria en medios y por su rol como líder de opinión dentro de sectores evangélicos, sostuvo que la peregrinación tiene como finalidad “elevar una plegaria por la paz y la unidad nacional”, y que no busca respaldar a ninguna fuerza política en particular. Aseguró además que la fe debe ser un puente de diálogo y no un elemento de división en tiempos de polarización.

La intención de visitar la sede del poder Ejecutivo encendió un debate más amplio sobre la participación de figuras religiosas en espacios públicos, y puso de relieve la creciente presencia de líderes con influencia espiritual en conversaciones de alcance social y cultural.

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