La administración de la Ciudad detectó que decenas de comedores que figuraban como operativos en sus registros no existían. Se habrían destinado recursos públicos a entidades inexistentes, con un costo millonario y un grave daño al sistema de ayuda social.

Un operativo de control realizado por el gobierno porteño reveló que 40 comedores sociales registrados en los padrones oficiales no funcionaban o nunca existieron en realidad. Según el Ministerio a cargo, esas irregularidades implicaron un desvío de alrededor de 5.000 raciones diarias, con un costo estimado de casi 20 millones de pesos. La medida concluyó con el cierre administrativo de esos comedores “fantasmas”.

Las autoridades señalaron que muchas de estas entidades ficticias estaban registradas a nombre de personas que nunca acreditaron actividad real, y que los fondos y recursos asignados habían sido recibidos sin que hubiera entrega efectiva de comida o asistencia. La situación pone en evidencia fallas graves en los controles y en la supervisión de los programas de ayuda social de la Ciudad.

El hallazgo generó indignación: por un lado, afecta a quienes realmente necesitan asistencia, ya que recursos destinados a raciones podrían haber servido a hogares en situación de vulnerabilidad; por otro, daña la credibilidad del sistema, al dejar al descubierto un esquema de fraude o negligencia institucional.

En respuesta, el gobierno porteño anunció que reforzará los controles administrativos y de campo sobre comedores y entidades sociales. También adelantaron que se buscará regularizar el sistema de entrega de alimentos, exigir credenciales de funcionamiento verificables, e implementar auditorías periódicas para evitar que estos engaños se repitan.

Para muchos especialistas en política social, el caso demuestra la urgencia de transparentar los padrones de ayuda y garantizar que los recursos públicos cumplan su propósito real: asistir a quienes lo necesitan. De lo contrario, sostienen, programas de asistencia —por más bienintencionados que sean— corren el riesgo de degradarse por corrupción o desmanejo.

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