La salida de Patricia Bullrich del Senado dejó ver un movimiento calculado dentro del oficialismo: Karina Milei, figura central del armado libertario, la despidió con elogios públicos mientras, puertas adentro, consolidaba un control más estricto sobre la estructura legislativa. El gesto doble —reconocimiento formal y disciplina interna— expone el delicado equilibrio que atraviesa el espacio gobernante en su dinámica de poder.
Bullrich, que asumirá nuevos roles políticos, mantenía una presencia influyente en el recinto y operaba como un puente con sectores aliados. Su partida abrió un reacomodamiento en el que Karina Milei busca reafirmar la verticalidad y evitar fracturas en un momento donde el Gobierno necesita alineamiento absoluto para avanzar con su agenda. El mensaje fue claro: agradecimiento por los servicios prestados, pero con la advertencia implícita de que la conducción seguirá un rumbo definido desde la cúpula.
Durante el homenaje protocolar, Karina destacó la “lealtad” y el “compromiso” de Bullrich, enmarcando su salida en términos institucionales y no como consecuencia de tensiones políticas. Sin embargo, en el Senado ya se percibe un reordenamiento: mayor control sobre bloques aliados, negociación centralizada y una vigilancia estricta sobre la disciplina de voto.
Analistas señalan que la jugada responde a la necesidad del Gobierno de evitar fisuras mientras impulsa reformas estructurales que requieren compromisos legislativos sólidos. Con un mapa parlamentario fragmentado, cualquier disidencia interna podría complicar la estrategia oficial. La salida de Bullrich, leída bajo esta luz, permite liberar espacio para figuras más alineadas y garantizar un funcionamiento más homogéneo del bloque.
En paralelo, la despedida “con honores” funciona como un gesto hacia afuera: el oficialismo evita mostrar rupturas y busca proyectar cohesión. En un contexto de alta tensión entre fuerzas políticas, la armonía exhibida cumple un rol simbólico tan importante como las negociaciones reales dentro del Senado.
En definitiva, el movimiento revela una doble operación: Karina Milei consolida su conducción en el Congreso, al tiempo que preserva la imagen de unidad. Bullrich se va con reconocimiento público, pero su salida abre una etapa donde la verticalidad interna será más exigente que nunca.





