El peronismo atraviesa uno de sus momentos más tensos tras la derrota electoral y las reconfiguraciones internas que dejó el cambio de gobierno. En ese marco, cinco gobernadores mantuvieron una reunión reservada para evaluar la posibilidad de armar un bloque federal propio en el Congreso, una jugada que podría alterar por completo el mapa legislativo y debilitar aún más al PJ tradicional.
La cumbre, descripta por uno de los presentes como “necesaria y urgente”, reunió a mandatarios provinciales que comparten dos diagnósticos: que el peronismo nacional atraviesa una crisis de conducción y que sus provincias necesitan una estrategia parlamentaria distinta, menos subordinada a las tensiones internas del partido y más enfocada en negociar directamente con la Casa Rosada. La figura de una “liga de gobernadores” vuelve a tomar forma, esta vez con un perfil más institucional y menos simbólico.
Los cinco mandatarios analizaron diversos escenarios, desde coordinar posiciones comunes hasta avanzar en un bloque legislativo formal que represente a las provincias con mayor autonomía. El plan incluye la articulación con diputados y senadores propios, la designación de un jefe de bloque consensuado y una agenda centrada en obras, financiamiento y reformas clave para cada distrito.
Detrás del movimiento late un malestar creciente con la conducción nacional del peronismo, a la que acusan de haber perdido capacidad de organización, coherencia interna y estrategia electoral. Algunos hablan incluso de un “vacío de liderazgo” que dejó a las provincias libradas a sus propias decisiones. El armado de un bloque federal sería, para ellos, una forma de recuperar volumen político y sentarse en la mesa de negociaciones con identidad propia.
En paralelo, observan con atención los primeros gestos del nuevo gobierno. Los mandatarios entienden que un bloque unido podría tener un peso decisivo en debates sensibles como presupuesto, endeudamiento, obras públicas, coparticipación y reformas institucionales. La lógica es clara: negociar desde la fuerza, no desde la dispersión.
El peronismo tradicional, mientras tanto, mira con preocupación el posible quiebre. Dirigentes históricos advierten que un bloque federal podría fragmentar aún más el espacio y debilitar su capacidad para funcionar como oposición articulada. Otros, más moderados, reconocen que los gobernadores siempre tuvieron un peso determinante y que la reconfiguración es parte natural de este nuevo ciclo político.
Aunque todavía no hay anuncio oficial, la reunión dejó la sensación de que el proceso ya está en marcha. Y que, de avanzar, significará un cambio profundo en la estructura de poder del peronismo: un corrimiento hacia las provincias, una pérdida de centralidad de la conducción nacional y el surgimiento de un bloque que podría convertirse en árbitro clave en el Congreso.





