Javier Milei atraviesa uno de los momentos más delicados de su transición al nuevo gobierno: mantiene frentes abiertos contra Cristina Kirchner y Claudio “Chiqui” Tapia, dos figuras con alto peso simbólico e institucional. Aunque por motivos distintos, ambos conflictos muestran el clima político que rodea al presidente electo y las líneas de poder que intentará redefinir al llegar a la Casa Rosada.

En el caso de Cristina Kirchner, el cortocircuito es explícito. Desde su círculo aseguran que Milei interpretó una serie de gestos y mensajes públicos como intentos de condicionar su inicio de gestión. La exvicepresidenta, por su parte, marcó distancia con fuertes críticas al rumbo económico anunciado por el libertario, especialmente en temas sensibles como privatizaciones, política social y manejo del Banco Central. Las diferencias, que ya eran ideológicas, se trasladaron ahora al terreno institucional.

Cerca de Milei sostienen que la dirigencia kirchnerista intenta “poner límites antes de tiempo” y que el presidente electo responderá con firmeza frente a cualquier señal que considere una interferencia. Ese posicionamiento busca dejar claro que no negociará condicionamientos, pero también profundiza el choque con un sector que aún conserva influencia territorial, legislativa y simbólica.

El otro frente de conflicto es muy distinto, pero igual de explosivo: Claudio “Chiqui” Tapia. El liderazgo del presidente de la AFA se convirtió en un punto de tensión latente desde que Milei dejó entrever su intención de revisar los manejos del fútbol argentino, los contratos vigentes y los vínculos políticos que rodean al organismo. Tapia, que mantiene poder dentro de la estructura del deporte más popular del país, interpretó esas señales como un cuestionamiento directo a su conducción.

Dentro del mileísmo aseguran que no buscan una confrontación abierta, pero admiten que “no habrá cheques en blanco” para la AFA ni para otros sectores que históricamente manejaron su propio tablero de poder al margen del Estado. El mensaje es claro: Milei pretende ordenar esos vínculos y reducir la influencia política del fútbol.

Ambos frentes dejan entrever un patrón: el nuevo gobierno busca marcar autoridad antes de asumir, mientras sus interlocutores —con trayectorias muy diferentes— reaccionan ante un escenario que cambia rápido. Para Milei, las disputas no son solo personales: forman parte de un reacomodamiento mayor, donde intenta dejar atrás viejas lógicas del poder argentino.

En definitiva, las tensiones con Cristina Kirchner y Tapia muestran un tablero político en ebullición. El presidente electo llega con voluntad de romper moldes y con la convicción de no retroceder ante figuras de peso. Lo que aún está por verse es si ese choque marcará un nuevo equilibrio político o si abrirá una etapa de fricciones constantes en el inicio de su gestión.

Tendencias