Javier Milei volvió a dejar en claro cuál será uno de los ejes centrales de su política exterior: un fuerte alineamiento con Israel. En las últimas horas, la presencia del dirigente israelí Gideon Sa’ar en la Casa Rosada y en el Palacio San Martín sumó señales concretas de esta estrategia, que ya comenzó a generar repercusiones internas y externas.

Sa’ar, figura clave de la política israelí y referente cercano al actual gobierno de ese país, mantuvo reuniones tanto con funcionarios de Cancillería como con miembros del círculo más estrecho del presidente. El encuentro fue leído como un gesto directo de respaldo mutuo y como una reafirmación del vínculo bilateral que Milei considera estratégico. Desde el entorno presidencial aseguran que se busca profundizar la cooperación en áreas como seguridad, defensa, innovación tecnológica y lucha contra el terrorismo.

En paralelo, sectores diplomáticos tradicionales observan con atención el modo en que Milei está reconfigurando prioridades. La Cancillería tuvo un rol central en la agenda del dirigente israelí, lo que marca un cambio respecto de administraciones anteriores, donde los vínculos con Medio Oriente se manejaban con mayor equilibrio. La relación con la DAIA también gana protagonismo y aparece como un puente institucional para fortalecer el eje Buenos Aires–Jerusalén.

En la Casa Rosada destacan que el acercamiento no es solo simbólico: apuntan a acuerdos de cooperación, intercambio de información sensible y proyectos conjuntos en seguridad interior. Milei ya había expresado en campaña su admiración por el modelo israelí en materia de defensa y organización estatal, y ahora busca trasladar ese respaldo a políticas concretas.

Sin embargo, este movimiento genera tensiones diplomáticas con otros países de la región y del mundo árabe, que observan con cautela el giro argentino. Algunos analistas advierten que un alineamiento tan explícito podría acotar la capacidad de mediación y equilibrio que suele esperarse de Argentina en escenarios internacionales complejos.

A nivel interno, la oposición critica que estas señales de política exterior se den sin un debate más amplio dentro del Congreso o sin una estrategia regional claramente definida. Para algunos dirigentes, Milei está sentando posiciones firmes demasiado rápido, en un contexto internacional altamente volátil.

Aun así, el presidente apuesta a consolidar un vínculo que considera fundamental para su proyecto. La visita de Sa’ar, los gestos hacia la comunidad judía y la centralidad de Israel en la agenda internacional del gobierno son expresiones claras de un rumbo que, lejos de moderarse, promete profundizarse.

En definitiva, Milei parece decidido a que Israel se convierta en uno de los pilares geopolíticos de su administración. Resta ver cómo impactará este posicionamiento en la relación con otros socios estratégicos y en el equilibrio diplomático que tradicionalmente caracterizó a la política exterior argentina.

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