Dentro del espacio del kirchnerismo se encendió esta semana una fuerte discusión interna tras conocer que el próximo ministro de Defensa será un oficial militar en actividad. Según voceros del sector, la decisión no representa una renovación, sino una vuelta al pasado: “quedaron congelados en el tiempo”, declararon con tono crítico.

El debate se centró en la interpretación ideológica. Durante los gobiernos kirchneristas anteriores, se promovió que el titular de Defensa tuviera perfil político-civíl para reforzar la subordinación democrática de las Fuerzas Armadas. Ahora, el hecho de que se designe a un uniformado generó rechazos dentro del oficialismo: algunos advirtieron que la medida podría complicar el control civil y diluir la construcción de una estrategia de defensa centrada en derechos humanos y desarrollo local.

Para quienes se oponen, el cambio de rumbo parece simbólico: vincular Defensa nuevamente al ámbito castrense tradicional, en lugar de integrar políticas de innovación, industria nacional y doctrina de derechos humanos. “No se trata sólo de quién ocupa el sillón, sino de qué modelo representa”, explicaron. Y añadieron que el perfil militar del futuro ministro podría enviar un mensaje equivocado en momentos donde la región y el país atraviesan transformaciones geoestratégicas.

Por su parte, desde el entorno del presidente electo se busca mostrar esa designación como un paso lógico para “recuperar operatividad, equipamiento y disciplina” en las Fuerzas Armadas. Pero ese discurso encontró resistencia dentro del kirchnerismo, que lo evalúa como una reversión de posiciones defendidas hace más de una década.

El señalamiento interno también hace foco en la temporalidad: los críticos sostienen que el kirchnerismo no se actualizó y sigue pensando al ministerio con lógicas de otros años. Esa lectura contrasta con lo que según ellos debería ser una estrategia de defensa moderna, con mayor participación civil, control parlamentario y articulación con ciencia, industria y tecnología.

En definitiva, el anuncio del nuevo ministro de Defensa generó más que una designación ministerial: abrió una grieta interna en el kirchnerismo entre quienes defienden la continuidad de una línea política ligada al pasado y quienes piden avanzar hacia un enfoque renovado. La cuestión clave será si esa elección marca una rectificación o simplemente una reafirmación de viejas estructuras.

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