La expresidenta Cristina Fernández de Kirchner lanzó una dura advertencia sobre la situación política y judicial en el país al afirmar que “Argentina está sin Estado de Derecho y con la cancha inclinada”. En sus declaraciones, vinculó esa percepción con procesos judiciales de alto perfil, entre ellos el procesamiento del sargento retirado Bacigalupo, acusado por haber adulterado los famosos cuadernos de la corrupción, lo que para ella confirma una operación sistemática contra su movimiento.
Kirchner aseguró que estas causas tienen un objetivo político claro: “Se busca tapar la crisis económica, redefinir el poder real y silenciar a quienes representamos a otro modelo”, señaló. Para ella, más que un juicio justo, se está ejecutando una estrategia de desgaste político, en la que el aparato judicial y mediático actuaría con roles predeterminados.
Estos dichos se enmarcan en un momento de tensiones internas en el Partido Justicialista, donde los dirigentes debaten el futuro del espacio, su vínculo con Cristina y el modo de responder al oficialismo. Sus palabras buscan al mismo tiempo movilizar a la militancia y advertir que no aceptará lo que considera una persecución institucional.
La frase sobre “la cancha inclinada” —usada dentro del lenguaje futbolero— sintetiza su lectura: no sólo las reglas del juego estarían alteradas, sino que los árbitros (instituciones) estarían alineados con el adversario. El mensaje apunta a que el tablero político argentino no se encuentra en condiciones de igualdad y que el equilibrio institucional está en riesgo.
En definitiva, el pronunciamiento de Cristina Kirchner no solo constituye una crítica al sistema judicial y al Estado, sino que se perfila como un llamado de alerta a su base política: exige reacción, organización y unidad frente a lo que considera un avance de la estrategia del adversario.





