El presidente Javier Milei tomó juramento a Diego Santilli como nuevo ministro del Interior en un acto cargado de simbolismo político. Con esta designación, el Gobierno busca reforzar los lazos con los gobernadores y asegurar apoyo parlamentario para avanzar con su agenda de reformas laboral y tributaria.
Santilli, exdiputado del PRO y figura con experiencia en gestión, llega con el objetivo de abrir canales de diálogo en un Congreso fragmentado. Su perfil negociador se convierte en una pieza clave para el oficialismo, que intenta pasar de la etapa del ajuste a la de transformación estructural del Estado.
Las reformas en carpeta incluyen la flexibilización del mercado laboral y una simplificación del sistema tributario. Desde la Casa Rosada sostienen que estos cambios son necesarios para “liberar la productividad” y estimular la inversión privada. Sin embargo, la oposición y los sindicatos advierten sobre los riesgos de pérdida de derechos y la posible caída de la recaudación.
El nombramiento de Santilli también busca mostrar un gesto político hacia la coalición opositora y los mandatarios provinciales, en momentos en que Milei necesita construir mayorías para sancionar leyes clave. El desafío será mantener la coherencia de su proyecto liberal sin romper los delicados equilibrios que requiere la negociación política.
En medio de un escenario económico incierto y una sociedad que exige resultados, la jugada de Milei representa una apuesta por el consenso. Resta ver si Santilli logra traducir esa misión en acuerdos concretos que le permitan al Gobierno encaminar sus reformas más ambiciosas.





