Ante Pavelić lideró el Estado Independiente de Croacia bajo el ala de Hitler entre 1941 y 1945 y desató una limpieza étnica brutal que incluyó a serbios, judíos y gitanos. Tras el fin de la guerra, escapó a la Argentina con una identidad falsa y vivió allí durante años protegido por redes ultracatólicas y anticomunistas. Ni Perón ni Aramburu aceptaron extraditarlo.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Hitler permitió a Pavelić formar su propio estado títere en Croacia, donde lideró un genocidio mediante su movimiento nacionalista Ustacha. Sus métodos de exterminio eran tan crueles que llegaron a espantar incluso a oficiales del Tercer Reich. En campos como Jasenovac, las víctimas eran decapitadas, mutiladas o asesinadas con herramientas primitivas. Se estima que entre medio y un millón de personas fueron exterminadas bajo su mando.

Hacia 1945, con la derrota nazi inminente, Pavelić huyó a través de una red clandestina de protección que incluía apoyo eclesiástico. Llegó a la Argentina en 1948 disfrazado de clérigo y bajo una identidad falsa, y se instaló en El Palomar. Allí continuó operando en las sombras con otros jerarcas croatas, muchos de los cuales también encontraron refugio en el país. Se le vinculó con agrupaciones violentas cercanas al peronismo, como la Alianza Libertadora Nacionalista, aunque nunca se probó su participación directa.

El dictador croata vivió con protección política hasta que en 1957 sufrió un intento de asesinato por parte de un exiliado serbio. Temiendo una extradición inminente, escapó nuevamente, esta vez a la España franquista, donde murió dos años después por complicaciones de las heridas. Pavelić jamás enfrentó la justicia por los crímenes de guerra que lo convirtieron en uno de los genocidas más brutales del siglo XX.

Fuente: La Nación

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